Cambios en el Sistema Óseo después de los 40 años

Última modificación el 18/11/2020 por Lorena Plazas

Es importante conocer los cambios que se producen en las articulaciones y huesos después de los 40 años; principalmente en la mujer cuando atraviesa el climaterio y menopausia; ya que sufre cambios hormonales que pueden desencadenar problemas de salud y enfermedades cardiovasculares, osteomusculares, seniles, cáncer y osteoporosis.

Sistema óseo 

El sistema óseo está formado por un conjunto de estructuras sólidas compuestas básicamente por tejido óseo, que se denominan huesos. Los huesos cumplen funciones fundamentales y ellas son:

  • Protección: brindan protección a los órganos y tejidos internos.
  • Carga: hay determinados huesos que soportan mucha carga como los de las extremidades inferiores, columna vertebral y pelvis.
  • Dinámica: actúan como palancas, donde se insertan músculos y tendones.
  • Depósito de sales minerales: el 99 % de Ca y 80% de P están en los huesos. Intervienen en la regulación de la calcemia.
  • Hematopoyética: facilitan la formación de la sangre, proceso en el que está involucrada la médula ósea interior de algunos huesos.
  • Regulación de la respuesta inmune.

Para que estas funciones se encuentren en armonía es imprescindible la prevención y protección del tejido óseo. Nunca es demasiado tarde para el cuidado y bienestar de articulaciones y huesos.

Cambios del Sistema Óseo

El pico más alto de masa ósea se logra alcanzar entre los 25-30 años, mientras que disminuye a partir de los 40 años de forma lenta, aproximadamente un 0,5% al ​​año, pudiendo tener una disminución del 3-5% a partir de los 50 años.

A partir de los 30 años, la densidad de los huesos comienza a disminuir tanto en hombres como en mujeres. Esta pérdida de densidad ósea se acelera en las mujeres tras la menopausia. Como resultado de ello, los huesos se vuelven más frágiles y propensos a las fracturas, especialmente en la vejez.

El envejecimiento óseo se produce a partir de los 40 años debido a una pérdida progresiva de masa ósea, que aumenta en las mujeres durante los años que siguen al cese de la actividad ovárica. Estos cambios son debidos a la existencia de modificaciones en el funcionamiento de las unidades de remodelación que guardan relación con diversos factores (nutricionales, hormonales, paracrinos, mecánicos y genéticos).

La pérdida de hueso afecta tanto al hueso trabecular (esqueleto axial) como al cortical (esqueleto apendicular), lo que produce un adelgazamiento de las trabéculas y la perforación y pérdida de conectividad de estas en el primer caso, y la disminución del grosor de la cortical y el aumento de su porosidad en el segundo.

Se ha calculado que, a lo largo de la vida, las mujeres pierden más del 40% de la masa ósea en la columna y casi un 60% en la cadera. La pérdida de hueso es especialmente notable durante el período peri y posmenopáusico, aunque, en algunas ocasiones, la pérdida de masa ósea puede ser similar o incluso mayor durante la octava y novena décadas de la vida.

La masa corporal magra también disminuye entre los 35 y los 70 años, sobre todo debido a la pérdida de masa muscular esquelética y a la progresiva disminución del número y el tamaño de las fibras musculares. Este proceso se conoce con el nombre de «sarcopenia» y contribuye de manera evidente a la pérdida de fuerza y actividad funcional en los ancianos.

En la patogenia de la sarcopenia parecen intervenir varios factores, como la denervación del tejido muscular, los cambios en el metabolismo proteico o en las concentraciones de diversas hormonas y otros factores como el déficit de vitamina D.

A medida que se envejece, las articulaciones experimentan cambios en el cartílago y en el tejido conjuntivo. El cartílago interior de la articulación se vuelve más fino y sus componentes (los proteoglicanos, las sustancias que contribuyen a proporcionar resiliencia al cartílago) se alteran, lo que disminuye la resiliencia de la articulación y aumenta la propensión a las lesiones. Por todo ello, en algunas personas, las superficies articulares no se deslizan una sobre otra tan bien como solían hacerlo. Este proceso puede causar artrosis.

Las articulaciones se vuelven más rígidas porque el tejido conjuntivo de los ligamentos y los tendones se vuelve más duro y quebradizo. Este cambio también limita la amplitud de movimiento de las articulaciones.

El proceso natural de envejecimiento hace que el cuerpo se endurezca, en particular en las articulaciones. Con la edad, el tejido cartilaginoso fuerte que protege y acolcha los huesos se adelgaza y se hace menos flexible. Al adelgazarse, ofrece menos protección y es menos efectivo en evitar que los huesos de la articulación se rocen entre sí.

Un cartílago más delgado tampoco puede soportar la presión de cargas pesadas. Tal presión comprime el cartílago aún más, por lo que éste ofrece aún menos protección. Los tendones y los ligamentos se hacen menos flexibles y más débiles con la edad. Se rasgan y se lesionan con mayor facilidad, y les toma más tiempo para sanar.

A medida que la gente envejece, sus músculos se cansan con más facilidad y no pueden proporcionar el apoyo que requieren las articulaciones.

¿Cómo cuidar nuestros huesos?

Para conservar los huesos sanos en la edad adulta es importante tener presente estas recomendaciones:

  • Alimentación saludable con suficiente calcio, proteínas, vitamina D y micronutrientes importantes.
  • Consumo de calcio: el calcio aportado por la dieta es fundamental para conseguir una correcta mineralización del hueso y mantener su cantidad y calidad. Se recomienda el aumento del consumo de calcio a través de la alimentación o si es necesario con suplementos, hasta alcanzar en total un aporte de 1.000-1.200 mg diarios.
  • Colágeno con magnesio: contribuye a disminuir la fatiga y el cansancio.
  • Vitamina D: es fundamental para la absorción y el metabolismo del calcio; su deficiencia es un factor decisivo para el desarrollo de la osteoporosis. Es necesaria la exposición solar para cubrir las necesidades de vitamina D y que ni la absorción intestinal de calcio ni el recambio óseo se vean disminuidos.
  • Vitamina C: para la producción endógena de colágeno.
  • Vitamina K: es un factor esencial en el proceso de la coagulación; pero también en la activación de proteínas óseas como la osteocalcina (la más abundante en hueso), la osteoprotegerina y el RANKL, de gran importancia en la actividad de los osteoclastos y en la salud ósea.
  • Realizar actividad física que incluya ejercicios con peso para fortalecer los músculos.
  • Evitar los factores negativos en el estilo de vida, como el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol.
  • Peso corporal saludable.
El colágeno es una proteína que se encuentra en la piel, los ligamentos, los tendones, los músculos, los cartílagos y otros tejidos.

Información del Autor
  1. Plazas Lorena, Enfermera. Trabajo propio.
Fuentes bibliográficas
  1. Olmos Martínez, JM; Martínez García, J; 2007, Envejecimiento músculo-esquelético, Volumen 16 Nº 1, pp: 1-7, Santander, España. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-reemo-70-articulo-envejecimiento-musculo-esqueletico-13098214
  2. Morales Vázquez, D; Tenorio Vázquez, L; 2011, CURSO PROPEDÉUTICO 1ª Parte.
    ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA, pp: 30-60, México. Disponible en: http://cetis125.edu.mx/programasestudio/enfermeria/1p.anatomia.fisiologia. 1a5.pdf

Última actualización: [18/11/2020]